Parque natural de L’Alt Pirineu

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El sol se empeña, cada día, en lanzar llamaradas cuando se encuentra moribundo en el horizonte, como si quisiera pedir una tregua y seguir alumbrando. Pero las tinieblas ya han comenzado su despliegue y no hay nadie que pueda frenarlas. Son esos últimos momentos del día los que liberan una suerte de ensalada de magentas, naranjas, rojos, amarillos, violetas… y las montañas del Alt Pirineu los absorben como si les fuese la vida en ello. El Estany de la Gola o el lago de Certascan muestran su rostro acerado, azul muy oscuro, mientras las laderas veteadas y ásperas a su alrededor resaltan sus colores ocres y en la cima de los picos el sol araña sus últimos segundos de vida con un naranja fulgurante. Las banderolas de la cima de la Pica d’Estats también parecen sucumbir a esta agonía diaria, se pliegan con las últimas brisas y descansan hasta la llegada, con el nuevo día, de otros pies, otras miradas. Los humedales y las turberas de la Mollera d’Escalarre pierden el brillo mostrado durante las horas diurnas; lo mismo que sucede en el Bosc de Virós. Las penumbras se ciñen a los troncos de las hayas y muchos de sus habitantes, mamíferos, insectos, aves… se preparan para pasar la noche. Otros muchos despiertan entonces y comienzan con su actividad. Es el ciclo de la vida en el parque natural de l’Alt Pirineu.

Monográfico 102. Parque natural de l’Alt Pirineu. 

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