Cumbres, crestas, paredes…

MONTAÑAS, CRESTAS

El sol tempranero tiene cierta querencia por las peñas y agujas de piedra. Trepa por ellas con maestría estudiada, con una delicadeza inocente, pero al mismo tiempo rebosante de la sabiduría de miles de siglos de trazados similares. Comienza por lo más alto, roza con sus colores naranjas las formas agudas y afiladas más elevadas, y las va vistiendo con su calor y luz. Como si de un vestido de gala se tratase, entra por la cabeza de la peña y se desliza con pereza hacia abajo sacando las vergüenzas a las rocas, tornando rojas las areniscas y brillantes las calizas. Las negruras de la noche, grises ya a estas horas, acostumbran a retirarse sin oponer resistencia. Todo lo contrario. Juegan con los rayos solares e invitan al aire a una danza excelsa en la que las sombras exhiben una coreografía sutil. Orhi, Lescun, Riglos, Canigó, Colomèrs… el escenario pirenaico se encarga de aportar la grandeza suficiente a este espectáculo matutino. Nº 100 de El mundo de los Pirineos. Maravillas que no te puedes perder. Si quieres echarle  un ojo, no dudes en entrar.

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