Larra y Belagua

¿Pueden la piedra y el agua construir paraísos? Rotundamente sí, prueba de ello es el paisaje de Larra, que se esconde en invierno bajo la nieve, pero nos sorprende en verano con su aridez y aspecto desértico, aun teniendo mucha vida entre sus grietas. Porque las semillas de numerosas plantas, arbustos y árboles encuentran su espacio para germinar en las grietas y acaparan toda la humedad que el ambiente les da. Sí, es un desierto en el que el silencio marca las horas y sobre el que sobrevuelan las rapaces. Y su belleza queda rescatada con esas primeras cumbres con personalidad pirenaica, las primeras que se rebelan ante los mansos montes de occidente, las primeras que se alzan a la conquista del cielo.

Como contrapunto, el valle de Belagua rezuma verdor y frescura, con prados millones de veces cortados con el diente del ganado, con bosques en los que el urogallo se oculta y el picapicas agujerea con ritmo los troncos de los árboles muertos.

¿Quieres conocerlo mejor? En el reportaje central del número 131 de la revista El mundo de los Pirineos te proponemos rutas y paseos para descubrir sus rincones y cimas.

 

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