Pirineos luminoso

¡Ah, el otoño!

Si los árboles pudieran hablar dirían cosas fantásticas de él. Llega con nuevos aires en septiembre, más fríos, y, curiosamente, vistes de colores cálidos sus ramas. Algunas rojas encendidas aquí, otras ocres allá, las amarillas esparcidas como semillas doradas… y ya está cambiada la apariencia del bosque. Los abetos y pinos se empeñan en mantener su verde oscuro, pero la gran mayoría se deja envolver en ese aspecto otoñal. Y es entonces cuando el bosque estalla prendido de la elegancia y la prestancia del color.

Bajo sus copas, las ardillas se mueven con afán en busca de alimentos para llenar sus despensas. Corretean entre los arbustos dorados con los piñones y las avellanas a buen recaudo. También el ciervo está inquieto, pero son otras sus razones. Sus gritos roncos hacen que la vida tiemble, berrean con la intención de imponer su presencia y ganar la batalla de la procreación.

Las aves también saben leer en los vientos fríos y en la luz, tan distinta a la del verano. Algunas se preparan para vivir en estos próximos meses, otras buscan la compañía de sus hermanos de especie y forman grandes bandos dispuestos a viajar en busca de un eterno verano. Cada uno tiene su estrategia, pero el ritmo lo marca el otoño. ¡Ah, el otoño!

La esencia de la vida en el Pirineo en esta bella época del año la recoge a la perfección el libro de Jorge Ruiz,

Hermosas fotografías y evocadores textos para asomarnos al mundo natural. www.pirineosluminoso/sua.eus

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