Cada ser con su nombre

La primavera y el verano visten a todos los árboles con un uniforme de tonos verdes, una gama amplia que va desde el oscuro del pino al plateado del álamo, o verde grisáceo del abedul, y pasa por el verde apagado del avellano o el brillante del acebo. En cambio en otoño, el frío se encarga de maquillar con colores muy diversos a las masas forestales. Las gigantescas hayas se tornan ambarinas, un amarillo ocre en estas hojas altas y otro más claro en las bajas. El roble, serio y taciturno, ve cómo sus hojas se transforman en pergaminos marrones; el arce se viste de colores rojizos mientras el fresno juega al escondite, rojizo aquí, amarillo allá, ocre oscuro más allá… A todo esto, abetos, pinos, acebos, tejos y encinas se mantienen en sus trece, sin perder la compostura, verdes, muy verdes, y, algunos, adornados con sus bolitas rojas características.

Ese despliegue de color puede ser muy valioso para los neófitos a la hora de identificar los árboles. Eso y una buena guía de árboles entre las manos.

Es el momento de aprender cuáles son caducifolios y cuáles perennes, de recoger hojas para identificarlas con posterioridad tranquilamente, de fijarnos en los troncos y ramas desnudos, de mirar con atención los dibujos y colores de las cortezas y cualquier pista que nos facilite la labor de poner nombre a cada especie.

No nos dejemos en casa la guía de aves, guía de flores y guía de mamíferos, que nunca se sabe… Porque también será más fácil ver algún que otro pajarillo, despojados de su escondite tras la frondosa copa verde de los árboles. Será más sencillo localizar al vistoso pico dorsiblanco (Dendrocopos leucotos), pájaro carpintero bicolor, cuando oigamos el sonido hueco de su martilleo contra la madera. O al trepador azul (Sitta europaea) mientras sube por el tronco del árbol al saltitos con una facilidad pasmosa. No podrá esconderse tampoco la ardilla roja (Sciurus vulgaris) que corretea rauda mientras apura los últimos días de recogida de frutos secos para llenar bien la despensa de cara al invierno. Y en el suelo, entre tanto hojarasca y tierras dormidas, despuntará con sus colores malvas y pistilos dorados el falso azafrán (Crocus nudiflorus). Porque no todas las flores surgen de primavera.

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